Señalan intento de difamación política contra Andrea Chávez
- Redacción
- 23 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Al PRIAN chihuahuense, encabezado hoy por el gobierno de María Eugenia Campos, se le acabaron las ideas, el discurso y la autoridad moral. Lo único que le queda frente a su inminente derrota es recurrir a la mentira, la calumnia y la fabricación de escándalos.
Es una regla no escrita de la política: cuando no se tiene proyecto, se ataca; cuando no se puede debatir, se difama; cuando el presente es indefendible, se intenta ensuciar el futuro. Eso es exactamente lo que estamos viendo en Chihuahua.
En días recientes, desde los mismos espacios que han sido voceros oficiosos del panismo local, se ha intentado vincular a la senadora Andrea Chávez con el exgobernador César Duarte a partir de una fotografía. Una imagen vieja, sacada de contexto y usada con una intención clara: sembrar duda donde no hay historia, y confusión donde no hay hechos.
La realidad es mucho menos escandalosa de lo que quisieran hacer creer. La fotografía corresponde a 2014, cuando Andrea Chávez, entonces una joven de 18 años, recibió el Premio Estatal de la Juventud por su trabajo al frente de la asociación civil Agentes del Cambio, en Ciudad Juárez. Un reconocimiento institucional entregado, como marca el protocolo, por el gobernador en turno. Ni más, ni menos.
Andrea no militaba en ningún partido político, no ocupaba cargos públicos y no formaba parte de ninguna estructura de poder. Era, como miles de jóvenes chihuahuenses, una estudiante comprometida con causas sociales, con inquietudes cívicas y con un incipiente liderazgo que hoy se ha convertido en una trayectoria pública sólida.
Pretender que ese acto protocolario constituye una “prueba” de vínculos políticos es no solo falso, sino insultante para la inteligencia colectiva. Bajo ese criterio, habría que cuestionar a deportistas, artistas, académicos, científicos y activistas que durante años han recibido reconocimientos oficiales sin que eso los convierta en cómplices de ningún gobierno. Pero la derecha lo sabe. Simplemente no le importa la verdad.
El ataque no es casual. Es preventivo. Responde al miedo de ver cómo una nueva generación está disputando el poder en Chihuahua y cómo una figura joven, con arraigo territorial, discurso propio y respaldo social, se perfila como una opción real de futuro para el estado.
Lo verdaderamente revelador es el contraste. Mientras intentan convertir una fotografía de hace más de una década en un escándalo, guardan un silencio sepulcral frente a hechos mucho más graves, documentados y comprobados. Porque si de vínculos con el duartismo se trata, la lupa no debería estar sobre una joven premiada, sino sobre quienes sí formaron parte de ese régimen corrupto.
Maru Campos fue señalada por haber recibido recursos de la llamada nómina secreta de César Duarte: un esquema ilegal de desvío de recursos públicos para comprar voluntades políticas, financiar campañas y garantizar impunidad. Su nombre aparece en investigaciones periodísticas, declaraciones ministeriales y expedientes judiciales que forman parte de la memoria reciente de Chihuahua. Eso no es una foto circunstancial: son señalamientos sustentados que marcaron una época de saqueo y corrupción.
Pero ese pasado incomoda. Y como no pueden explicarlo, prefieren cambiar la conversación. Atacan a Andrea Chávez porque no pueden defender su propio historial ni justificar por qué hoy gobiernan con quienes sí estuvieron incrustados en el duartismo.
La estrategia es vieja y predecible: confundir, desinformar y desgastar. Sin embargo, cada vez funciona menos. La ciudadanía distingue entre la crítica legítima y la guerra sucia, entre la investigación seria y la calumnia desesperada.
Andrea Chávez no necesita justificarse ante una mentira armada con recortes de archivo. Su trayectoria, su trabajo legislativo y su presencia constante en territorio explican por qué hoy es blanco de ataques. Y explican, también, por qué la derecha, cuando ya no puede competir, miente.






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