Se mueve el tablero en el Infonavit🔥
- Redacción
- 8 dic 2025
- 2 Min. de lectura
En el Infonavit ya no hay rumores: hay documentos. Actas de entrega–recepción listas, elaboradas dentro del círculo inmediato del Director General, Octavio Romero Oropeza. Eso, en la vida institucional, no ocurre por costumbre; ocurre cuando alguien está preparando salida. La versión que recorre los pasillos es que Oropeza sería trasladado a la Secretaría de Agricultura. Pero la pregunta de fondo no es a dónde lo mandan, sino por qué lo mueven.
Porque el Infonavit vive uno de sus momentos más delicados en años. Los indicadores clave del instituto se han desplomado, especialmente el de recuperación de cartera. Oropeza tomó la decisión de no ejercer actos de recuperación, algo que ningún organismo crediticio serio puede sostener sin comprometer su estabilidad. Y los efectos ya se sienten: los números están mal y el personal técnico lo sabe.
El problema no es solo financiero. Es operativo, jurídico y humano.
Los equipos de defensa legal del Infonavit “ya no ven lo duro sino lo tupido”. El volumen de juicios se disparó, las cargas de trabajo rebasaron toda capacidad instalada, y los operadores jurídicos —que conocen el terreno mejor que nadie— empezaron a decir lo que antes solo se susurraba: no hay manos suficientes para defender una institución que dejó de protegerse a sí misma.
A este cuadro se suma un antecedente que pesa como una losa: Pemex.
Oropeza dejó ahí un historial que todavía hoy se recuerda con dolor en decenas de empresas quebradas por falta de pago. La cadena logística se fracturó, proveedores quebraron, y los daños colaterales siguen sin resolverse.
Ese estilo de administración —de omisiones, retrasos y decisiones cuestionadas— llegó al Infonavit, y el resultado empezó a verse demasiado rápido.
Moverlo a Agricultura puede interpretarse como un ascenso, pero adentro nadie lo ve así.
Para muchos, es una salida elegante antes de que la estructura termine de colapsar. Un reacomodo urgente para frenar el deterioro financiero, jurídico y operativo del instituto.
El descontento dentro del Infonavit es real. Los equipos técnicos están frustrados; los jurídicos, rebasados; los mandos altos, alarmados. La sensación es clara: el instituto se debilitó por improvisación, desorden y abandono de las funciones mínimas de un organismo crediticio.
En política, los movimientos de gabinete nunca son gratuitos. Se hacen cuando los indicadores ya no se pueden ocultar, cuando la realidad supera el discurso, o cuando lo que está a punto de romperse exige una mano superior.
Por eso la señal es poderosa:
cuando aparecen actas de entrega–recepción sin anuncio oficial,
cuando el personal interno se inquieta,
cuando los números caen,
y cuando el pasado regresa a cobrar facturas…
algo se está moviendo.
Y en el Infonavit, el movimiento ya empezó.






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