Andrés Cortés: El caballero del despecho qe sueña con conquistar los palenques de México
- Redacción
- 19 may
- 3 min de lectura
Andrés Cortés llegó a México con un objetivo claro: quedarse en el corazón de las y los mexicanos.
Con una voz cargada de sentimiento, una historia construida desde abajo y una propuesta musical que fusiona el regional mexicano con las raíces populares colombianas, el cantante colombiano comienza a abrirse paso en uno de los territorios más difíciles —y más apasionados— para cualquier intérprete: el de la música del alma.

Porque Andrés Cortés es solamente otro cantante de despecho, es EL CABALLERO DEL DESPECHO.
“Nos han roto el corazón, pero seguimos siendo caballeros enamorados y respetuosos de las mujeres”, cuenta. “Hoy muchas canciones hablan desde el enojo o desde faltar al respeto. Nosotros queremos decir las cosas bonito. Que sí dolió, pero decirlo bonito.”
Ahí está precisamente la diferencia de su propuesta. Mientras gran parte de la industria apuesta por letras agresivas o fugaces que buscan exclusivamente la viralidad, Andrés apuesta por el romanticismo, por las cicatrices emocionales convertidas en canciones y por una narrativa donde todavía existen los hombres que aman, sufren y cantan desde la vulnerabilidad.
Su EP A Corazón Abierto representa exactamente eso: a un artista dispuesto a convertir las heridas en himnos.
El sencillo principal, Tarde la conocí, no fue elegido al azar. Andrés tomó el clásico vallenato de Omar Geles y lo transformó en una poderosa mezcla entre regional mexicano y sonidos colombianos, incorporando banda y norteño sin perder la esencia melancólica que caracteriza al tema.
“Queríamos hacer algo disruptivo. Es un vallenato convertido al regional mexicano y colombiano al mismo tiempo.”
La apuesta está funcionando. México lo ha recibido con los brazos abiertos, y él lo reconoce con emoción genuina. Habla del país como si llevara años aquí. De los tacos al pastor. Del tequila. Del picante. De bellas tierras como Veracruz. De los mercados de Coyoacán. De la gente. Del cariño.
“México y Colombia son una sola familia”, asegura. “Siento que me han cobijado como uno más.”
Pero detrás del artista que hoy comparte escenarios con Grupo Firme y participa en algunas de las ferias más importantes de Colombia, existe una historia de resistencia silenciosa.
Antes de los reflectores hubo una historia manejando taxi, trabajando en el comercio ambulante y noches enteras buscando oportunidades con guitarra en mano.
“Hemos trabajado en el campo, manejado taxi, vendido libros y chatarra. Todo eso nos formó el carácter para subirnos hoy a un escenario.”
Y quizá por eso su sueño tiene tanto sentido, porque Andrés Cortés habla de los palenques, mencionándolos como quien habla de un lugar sagrado.
“En Colombia no existe ese formato. Y a mí me encanta el contacto con el público. Bajarse de la tarima, abrazar a la gente, compartir una cerveza, llorar con ellos… siento que el palenque sería perfecto para mi personalidad artística.”
Su rostro refleja una verdadera emoción cuando lo menciona porque lo dice con ilusión verdadera. Como si pudiera verse ya caminando entre las mesas mientras alguien levanta un tequila y canta con él una canción de despecho a todo pulmón.
Es ahí donde está el futuro de Andrés Cortés: en esa capacidad de conectar desde lo humano.
Porque más allá de las fusiones musicales o las colaboraciones que vienen en camino, lo que realmente está construyendo es una identidad emocional. Una propuesta donde el despecho vuelve a sentirse elegante, honesto y profundamente sentimental.
En tiempos donde todo parece efímero, Andrés Cortés apuesta por algo más difícil: quedarse en la memoria de la gente.
Si algo queda claro después de escucharlo hablar, es que no vino a México de paso. Vino por los escenarios, por los corazones y por ese sueño que hoy repite casi como una promesa:
“Algún día quiero cantar en un palenque mexicano.”




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