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Jasai Valdez: el rostro de la nueva generación del béisbol mexicano⚾

  • Redacción
  • 7 ene
  • 4 Min. de lectura

No todos los talentos aparecen con ruido. Algunos se construyen con constancia, lejos del reflector, hasta que ya no pueden pasar desapercibidos. Jasai Valdez pertenece a ese grupo.


Tiene 17 años, es originario de Villahermosa, Tabasco, y hoy representa una de las proyecciones más sólidas del béisbol joven en el sur del país. Desde Teapa, donde actualmente juega con Oro Verde, su nombre comienza a circular con mayor fuerza en espacios donde se habla de futuro, desarrollo y alto rendimiento.


El béisbol llegó temprano a su vida.


“Desde los tres años empecé a jugar béisbol”, dice con naturalidad. A partir de ahí, el camino se fue trazando con disciplina, paciencia y una convicción que se fortaleció a los 14 años, cuando alguien externo supo ver en él algo más que talento infantil.


“Cuando tenía 14 años una persona me vio y me dijo que tenía talento. Ahí me motivé mucho”, recuerda.


Esa persona fue Iván Valdés, quien se convirtió en el primero en creer en Jasai desde una mirada más profesional.


“Él fue quien me apoyó y me dijo que sí podía lograrlo”, cuenta.


“Desde ese momento mi mente cambió y dije: yo voy a lograrlo.”


Ese cambio marcó el inicio de una etapa más exigente: entrenamientos formales, preparación física, cuidado personal y una rutina constante que hoy define su día a día. Para Jasai, el alto rendimiento no es una meta lejana; es una práctica cotidiana.


“Toda mi semana es béisbol”, resume. De lunes a viernes entrena; sábado y domingo compite. El descanso, la alimentación y el enfoque forman parte del mismo sistema.


“Es un deporte muy difícil. Cualquier cosita te puede lastimar, por eso tienes que estar 100% enfocado”, explica.


A los 15 años enfrentó una de las pruebas más complejas de su proceso: dejar su casa y pasar un año completo en una academia en Tijuana. Lejos de su familia y de su entorno, entendió que crecer en el deporte también implica aprender a sostenerse emocionalmente.


“Fue la etapa más difícil. Me ponía triste no ver a mi familia”, admite.


Pero también reconoce lo que ese periodo le dejó:


“Sabía que era un bien para mí. Si lo que quiero me lo tengo que ganar, tenía que aguantar.”

El reconocimiento profesional llegó poco después, durante un entrenamiento observado por scouts.


“Yo estaba muy nervioso porque estaba con los grandes y apenas tenía 15 años”, recuerda.


“Cuando empecé a tirar, me empezaron a grabar, y ahí supe que algo estaba pasando.”


Al día siguiente llegó la llamada, la cita y la firma.


“No sabía qué hacer de la felicidad”, dice. Fue la confirmación de que su proceso iba por el camino correcto.


Hoy, Jasai se prepara para dar el siguiente paso. Se siente listo para debutar en Liga Mexicana y consolidarse en un equipo grande.


“Ya me siento capacitado. Ahorita me siento listo para debutar.”


Cuando habla de referentes, menciona a un jugador que admira incluso desde una posición distinta a la suya.


“Me gusta mucho Ronald Acuña por su disciplina y su dedicación”, dice.

Para Jasai, la inspiración no está solo en el puesto, sino en la forma de conducirse dentro y fuera del campo.


Y cuando se le pregunta por el sueño mayor, no duda:

“Si Dios quiere, me gustaría jugar Grandes Ligas con los Yankees de Nueva York.”

Fuera del diamante


Más allá del béisbol, Jasai Valdez mantiene una vida sencilla y muy ordenada. No es alguien de excesos; su rutina sigue marcando el ritmo incluso en los momentos libres. Cuando puede, sale a distraerse un poco, caminar y despejar la mente.


La música ocupa un lugar especial en su preparación. Hay una canción que se ha vuelto parte de su ritual: “Ya fui negro, ya fui blanco”, de Alfonso Muñoz.

Se la pusieron por primera vez cuando salió a un estadio, en uno de esos momentos que se quedan grabados. Desde entonces, la escucha cada vez que va a lanzar. Es la canción que asocia con concentración, emoción y el inicio de algo más grande.


En la mesa, su gusto es claro: el mole rojo. Y después de un juego o un día largo de entrenamiento, siempre hay espacio para algo dulce. “Siempre pido que me tengan arroz con leche”.


Su círculo cercano es pequeño. Su mejor amigo es Alexis González, con quien comparte no solo amistad, sino disciplina, rutina y una visión muy similar del futuro. Entrenan juntos, se acompañan y avanzan con el mismo enfoque.


La familia es su principal ancla emocional, y su agradecimiento es constante.

“Estoy muy agradecido con Dios, con mi familia y con mis amigos, porque siempre me han apoyado”, dice.


“Todo lo que estoy logrando es algo que soñé desde chiquito.”


Desde Tabasco, con la mirada puesta en los grandes escenarios, Jasai no busca ser una excepción: aspira a convertirse en referencia. Y cuando eso ocurra, su historia dejará de contarse como la de un joven con talento, para empezar a narrarse como la de un jugador que llegó para quedarse.


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