OpenAI enfrenta polémica por presunta solución a Navier-Stokes

OpenAI quedó en el centro de una controversia después de anunciar un supuesto avance en torno al problema de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio planteados por el Clay Mathematics Institute y cuya solución está asociada a una recompensa de un millón de dólares.
El debate se intensificó porque dos matemáticos, Levent Alpöge y Tristan Buckmaster, habían trabajado recientemente en una línea relacionada con ese mismo problema y aseguran haber mantenido contacto con integrantes del equipo de investigación de OpenAI días antes del anuncio.
Navier-Stokes reúne un conjunto de ecuaciones utilizadas para describir el comportamiento de los fluidos y representa uno de los grandes desafíos abiertos de las matemáticas modernas.
Alpöge, quien trabaja en Anthropic, y Buckmaster, con experiencia de colaboración en DeepMind, habían explorado el problema durante su tiempo libre utilizando distintas herramientas matemáticas y computacionales, entre ellas Codex, sistema de programación desarrollado por OpenAI.
Desde agosto de 2026 comenzaron a circular rumores entre comunidades especializadas sobre posibles avances realizados con inteligencia artificial. Las primeras especulaciones apuntaban a Anthropic, debido a la participación de Alpöge.
Sin embargo, el 7 de septiembre OpenAI anunció que su inteligencia artificial había logrado resolver el problema Navier-Stokes, lo que generó cuestionamientos inmediatos dentro de la comunidad matemática.
Buckmaster señaló posteriormente que el 3 de septiembre, ante los rumores que ya circulaban, contactó a un trabajador de OpenAI. Esa comunicación derivó en distintas conversaciones en las que también participó Sebastien Bubeck, integrante relevante del equipo de investigación de la compañía.
Según el testimonio de Buckmaster, durante esas conversaciones se planteó la posibilidad de compartir el crédito del resultado, pero excluyendo a Alpöge por su relación laboral con Anthropic.
“Sebastien insistió en dos ocasiones en que quería excluir a Levent de la autoría y comentó que todo sería sencillo si no fuera por el hecho, que le resultaba muy molesto, de que Levent trabajaba en Anthropic”.
Buckmaster afirmó que rechazó esa posibilidad y que posteriormente Bubeck le preguntó: “¿estás dispuesto a tirar así tu carrera?”
El propio matemático ha reconocido que el trabajo realizado junto con Alpöge no representaba una solución completa al problema de Navier-Stokes.
Según su explicación, ambos habían conseguido resolver un problema previo basándose en investigaciones de los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez Zoroa.
La controversia se concentra ahora en determinar hasta qué punto los sistemas de OpenAI pudieron beneficiarse del trabajo previo de Alpöge y Buckmaster.
De acuerdo con el anuncio de la compañía, los resultados fueron obtenidos después de desplegar alrededor de 10 mil agentes de inteligencia artificial trabajando sobre el problema.
La velocidad y escala de ese proceso alimentaron nuevas dudas entre matemáticos, particularmente ante la posibilidad de que OpenAI buscara adelantarse a un eventual anuncio de Anthropic.
Sebastien Bubeck confirmó que existió comunicación con Buckmaster y posteriormente se disculpó por “la elección de palabras” utilizada al preguntarle por las posibles consecuencias para su carrera.
OpenAI también publicó un comunicado en el que reconoció públicamente el trabajo de ambos investigadores y felicitó “a Levent Alpöge y Tristan Buckmaster por su notable trabajo matemático”.
En el mismo posicionamiento, la empresa aseguró que sus investigadores y agentes no tuvieron acceso consciente al trabajo de los matemáticos antes de que este fuera publicado, aunque dejó abierta la posibilidad de que información derivada del uso de sus productos hubiera influido indirectamente en los modelos.
“Nosotros (los investigadores y los agentes) no vimos ninguno de sus trabajos por ningún medio hasta que lo publicaron —en particular, no se accedió a datos específicos de usuarios con el fin de resolver este problema. Aunque improbable, no podemos descartar que datos desidentificados derivados de su uso de nuestros productos hayan ayudado a mejorar nuestros modelos”.
La polémica abre así un debate que trasciende el resultado matemático: quién merece el crédito cuando sistemas de inteligencia artificial participan en descubrimientos científicos, qué información utilizan esos modelos durante sus procesos y cómo deben reconocerse las aportaciones humanas que pudieron contribuir, directa o indirectamente, a los resultados.





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