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Miedo, asombro y fiesta: los Cuernudos llegan al Cervantino

Redacción
hace 1 día
2 min de lectura

Entre máscaras demoníacas, cuernos y botas vaqueras, los Cuernudos de Calnali, Hidalgo, transformaron las calles de Guanajuato en una celebración colectiva durante el Festival Internacional Cervantino. Su recorrido reunió a un público que pasó del asombro a sumarse al baile, incluidos los más pequeños.


La comparsa comenzó sus danzas rituales en la Plaza Allende antes de lo previsto. Allí congregó al menos a un centenar de personas, a quienes involucró en sus coreografías entre el golpeteo de las reatas y el zapateado.


El acompañamiento estuvo a cargo de Los Humildes de Tecueyaca, una banda de nueve músicos con siete instrumentos de metal y dos percusiones. Su sonido resonó entre los callejones y atrajo a más asistentes mientras la comitiva avanzaba por el costado sureste de la ciudad y detenía a su paso el tránsito vehicular.


El trayecto por la calle Manuel Doblado también exigió abrir espacio entre la multitud y sortear los cables y cuerdas de los puestos de tacos y otros productos instalados durante el Cervantino, para evitar lesiones o que los cuernos quedaran atorados.

La caravana creció hasta llegar a las escalinatas del Teatro Juárez, donde al menos un millar de espectadores, decenas de teléfonos celulares y un par de drones acompañaron la presentación.


Allí cobró protagonismo “Los Matlachines”, un son emblemático de la Huasteca hidalguense. Para ejecutarlo, los bailarines se organizaron en dos filas, avanzaron en zigzag entre zapateados y entrelazaron las hileras. También formaron arcos que los participantes atravesaron antes de continuar con otras combinaciones.

Entre gritos de “¡Viva Calnali!” y “¡Viva Hidalgo!”, la comparsa dejó de estar integrada únicamente por los personajes que mezclaban rasgos de charro, demonio y venado. Los espectadores se incorporaron al recorrido y bailaron abrazados con los Cuernudos; algunos avanzaron con una reata en la cintura y una michelada en la mano.


El entusiasmo llamó incluso la atención de los comensales que observaban desde los balcones de la Trattoria. Delante de la banda, los asistentes bailaban prácticamente en reversa, mientras otros seguían a los danzantes.


Para quienes tienen raíces en Calnali, la escena despertó una emoción difícil de contener. La música, la danza y la participación del público convirtieron la tradición hidalguense en un encuentro colectivo capaz de trascender fronteras.

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