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El culpable perfecto

  • Redacción
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

Después de múltiples versiones desde todos los frentes —del PAN nacional, de senadores panistas, de diputados locales en Chihuahua, de medios de comunicación alineados a la gobernadora, del secretario de Seguridad estatal, del fiscal y de la propia gobernadora— finalmente apareció un culpable.


Uno que no puede defenderse.


Según la versión oficial, el responsable de haber infiltrado a dos agentes de la CIA en un operativo en Guachochi fue el director de la AEI que falleció en el presunto accidente donde también perdieron la vida los agentes estadounidenses.


El cierre perfecto para una historia mal contada.


Pero si realmente era el culpable, la pregunta es inevitable:


¿por qué necesitaron diez días para decirlo?


Diez días de versiones contradictorias.


Diez días intentando construir una narrativa que hoy, lejos de aclarar, profundiza las dudas.


Y en medio de ese desorden ocurre otro hecho que no es menor: anoche renunció el fiscal César Jáuregui.


No solo dejó el cargo, también sepultó sus aspiraciones políticas rumbo a la alcaldía de Chihuahua.


En política nada es casualidad, y este caso no es la excepción.


Porque si la historia fuera tan clara como hoy la quieren presentar, no habría necesidad de sacrificar piezas en el tablero.


Y hay algo que los hunde aún más: hoy, la gobernadora Maru Campos tenía la oportunidad de dar la cara en el Senado de la República.


En medio de versiones que se contradecían, confirmó por la mañana que no vendrá.


Era su momento de asumir responsabilidad.


Decidió no hacerlo.


Prefirió esconderse en su oficina, apostando a que la salida de su fiscal —y cercano colaborador— calmaría la crisis. Pero una vez más, se equivoca.


Lo que estamos viendo no es el esclarecimiento de un caso.


Es la construcción de una salida.


Una salida que intenta contener el costo político de un hecho grave: la vulneración de la soberanía nacional en territorio mexicano.


Y frente a eso, la narrativa oficial optó por lo más conveniente: cerrar el caso señalando a quien ya no puede responder.


Un culpable perfecto.


Pero también, una historia que deja más preguntas que respuestas.


Y sobre todo, una exigencia que no se puede ignorar: que se haga cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.


Sí, esa que hoy el gobierno de Chihuahua está dispuesto a pasar por alto.

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