Adiós a Pedro Friedeberg, uno de los artistas más excéntricos del arte mexicano
- Redacción
- 6 mar
- 3 Min. de lectura

El artista y diseñador mexicano de origen alemán Pedro Friedeberg, reconocido como una de las figuras más singulares del arte contemporáneo en México, falleció este jueves 5 de marzo a los 90 años en su residencia ubicada en San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato.
La noticia fue confirmada por su familia mediante un comunicado difundido en redes
sociales.
“Pedro murió rodeado de su familia, con mucho amor y en paz. Su familia se siente profundamente agradecida de haber podido compartir con él todo este tiempo. Su obra y su espíritu creativo dejan un legado inmenso”.
El mensaje fue firmado por sus hijos, Diana y David Friedeberg, así como por su esposa, Carmen Gutiérrez.
La muerte del artista generó reacciones inmediatas dentro del ámbito cultural, donde Friedeberg era considerado uno de los últimos representantes de la tradición surrealista desarrollada en México durante el siglo XX. Su estilo, caracterizado por una exuberancia ornamental, el uso de símbolos y una marcada ironía, lo convirtió en una figura de culto dentro del arte moderno y contemporáneo del país.
Durante más de seis décadas, el creador desarrolló una extensa producción artística que abarcó pintura, escultura, diseño de mobiliario y proyectos arquitectónicos imaginarios, consolidando una trayectoria que lo posicionó como uno de los artistas más excéntricos y reconocibles de la escena cultural mexicana.
Una vida dedicada al arte
Friedeberg nació en Florencia, Italia, en enero de 1936, dentro de una familia judeoalemana. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, emigró a México siendo muy pequeño, país que marcaría su formación y trayectoria artística.
Inicialmente cursó estudios de arquitectura en la Universidad Iberoamericana, pero abandonó la carrera luego de entrar en contacto con el artista y teórico Mathias Goeritz, quien influyó decisivamente en su orientación hacia las artes plásticas.
A inicios de la década de 1960, Friedeberg y Goeritz fundaron el grupo artístico Los Hartos, al que también se sumaron figuras como José Luis Cuevas, Chucho Reyes, Ida Rodríguez Prampolini y Alice Rahon. El colectivo reaccionaba contra el racionalismo funcionalista predominante en el arte de la época y defendía una estética más imaginativa, iconoclasta e individualista.
La icónica “Mano-silla”
Una de sus obras más reconocidas es la “Mano-silla”, concebida inicialmente como escultura en 1963. Con el paso del tiempo, la pieza fue reproducida en distintas escalas debido a su gran popularidad. El diseño permite sentarse sobre la palma de una mano, mientras los dedos funcionan como respaldo y soporte para los brazos, convirtiéndose en
un ícono del diseño surrealista.
A lo largo de su carrera, Friedeberg también realizó pinturas, murales, grabados, muebles escultóricos y escenografías, además de participar en exposiciones en México, Estados Unidos, Canadá y Europa.
Su personalidad excéntrica y sus esporádicas apariciones públicas contribuyeron a alimentar el mito en torno a su figura. En entrevistas, solía describirse con humor como un artista “barroco y absurdo”, y era conocido por sus comentarios irónicos sobre el mercado del arte y las tendencias artísticas.
Un legado internacional
La obra de Friedeberg forma parte de numerosas colecciones públicas y privadas tanto en México como en el extranjero, incluyendo el acervo de Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el Museo de Arte Moderno, la Pollack Collection, la Colección FEMSA y el acervo del Museum of Modern Art (MoMA) en Nueva York.
Con su fallecimiento, el arte mexicano pierde a uno de sus creadores más originales y a una figura clave del surrealismo del siglo XX.




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