top of page

Estos son los 5 procedimientos estéticos que no me realizaría siendo médico estético

  • Redacción
  • 5 jun
  • 5 min de lectura

Por la Dra. Fátima Fernández

Médica especialista en medicina estética

En medicina estética, la moda y la evidencia no siempre coinciden. Las redes han popularizado procedimientos que prometen cambios rápidos, pero pocas veces se habla de sus riesgos, sus límites o de cómo van a verse diez años después.

Como médica, creo que la mejor decisión no siempre es hacerse más procedimientos. A veces es elegir los que realmente aportan valor — y saber decir que no a los demás.

Estos son los cinco que yo, en mi propia cara, no me haría.


1. Biopolímeros o sustancias permanentes de relleno

Nunca. Ni siquiera con el nombre cambiado.

Aunque en muchos países están prohibidos, incluido México, los biopolímeros continúan aplicándose de manera clandestina bajo nombres engañosos como “vitaminas”, “moldeadores corporales” o “rellenos definitivos sin cirugía”.

El problema es que el cuerpo no los reconoce como propios. Con el tiempo pueden generar inflamación crónica, deformidades, migración del material, infecciones y reacciones inmunológicas severas.

He visto pacientes que años después requieren múltiples cirugías para intentar retirar estas sustancias, sin lograr eliminarlas por completo.

La medicina estética moderna busca resultados naturales y reversibles. Nada que permanezca de manera indefinida dentro del organismo me parece una buena idea.


2. Hilos tensores aplicados de forma repetitiva durante años

Es la opinión que más debate me genera en el gremio. Pero la sostengo.

Voy a decir algo que probablemente incomode dentro de la industria estética: yo no me colocaría hilos tensores en la cara, especialmente bajo la lógica de aplicarlos repetitivamente durante años con la promesa de “sustituir” el envejecimiento natural.

Los hilos generan una respuesta inflamatoria controlada que busca estimular la producción de colágeno. Sin embargo, cuando se utilizan en exceso o en pacientes mal seleccionados, pueden producir fibrosis crónica, endurecimiento de los tejidos y alteraciones anatómicas que con el tiempo modifican la forma natural del rostro.

He visto pacientes que años después presentan zonas rígidas, adherencias, irregularidades y deformidades que dificultan incluso procedimientos posteriores, tanto estéticos como quirúrgicos.

Uno de los problemas menos comentados es que la fibrosis acumulada puede alterar los planos faciales normales. Esto no siempre es visible al principio, pero puede hacerse evidente conforme el rostro continúa envejeciendo.

La medicina estética debería acompañar el envejecimiento, no luchar contra él a cualquier costo. Si tuviera que elegir entre repetir múltiples sesiones de hilos durante años o utilizar otras estrategias —bioestimulación, calidad de piel y reposición de volumen cuando realmente sea necesario— elegiría la segunda opción.

Porque un rostro saludable no es el más tenso. Es el que conserva movimiento, naturalidad y armonía.


3. Grandes volúmenes de relleno facial en una sola sesión

El problema no es el ácido hialurónico. Es la cantidad.

Los rellenos de ácido hialurónico son una herramienta extraordinaria cuando se utilizan con criterio, conocimiento anatómico y objetivos realistas. El problema no es el producto. Es el exceso.

En los últimos años hemos visto una tendencia hacia las llamadas “armonizaciones faciales” extremas, donde se colocan grandes cantidades de relleno en una sola sesión con la intención de transformar por completo el rostro. Aunque el resultado inicial puede parecer impactante, muchas veces se sacrifica algo más importante: la naturalidad.

Nuestro rostro está diseñado para moverse, expresar emociones y mantener proporciones específicas. Cuando se agregan volúmenes excesivos, las facciones pueden comenzar a verse pesadas, artificiales o incluso perder su identidad. Es el fenómeno que muchos especialistas conocen como rostro sobrellenado u overfilled face.

Hay otro aspecto que pocas veces se menciona: el ácido hialurónico retiene agua, y eso hace que el paciente luzca inflamado. Pueden generarse migraciones cuando las cantidades son extremas o cuando se coloca en planos faciales inadecuados — y no siempre desaparece tan rápido como se piensa.

La medicina estética más elegante suele ser aquella que pasa desapercibida. La gente nota que te ves descansada, fresca o saludable, pero no identifica exactamente qué te hiciste.

Y para ser honesta: yo sí tengo rellenos faciales, bien colocados y respetando mi armonía y anatomía. La diferencia entre un rostro bien tratado y un rostro sobrellenado no es el producto. Es el criterio.


4. La bichectomía hecha por moda

A los 25 puede verse definido. A los 45 puede verse demacrado.

Durante años, la bichectomía se popularizó como la solución ideal para afinar el rostro y conseguir una apariencia más estilizada. Influencers, celebridades y redes sociales impulsaron la idea de que unas mejillas más delgadas eran sinónimo de belleza y definición.

Pero la medicina estética tiene una ventaja: nos permite observar los resultados a largo plazo.

Hoy sabemos que una parte importante del envejecimiento facial ocurre por la pérdida progresiva de grasa y soporte en el rostro. Con los años, las mejillas pierden volumen, aparecen surcos más marcados y la cara puede adquirir un aspecto cansado o demacrado.

Retirar de manera permanente las bolsas de Bichat en pacientes jóvenes puede convertirse, por eso, en una decisión muy difícil de revertir décadas después. Lo que a los 25 años se ve como un rostro más definido, a los 45 o 50 puede traducirse en una apariencia más envejecida por falta de soporte en el tercio medio facial.

No es que la bichectomía sea un mal procedimiento en sí. Existen casos específicos en los que está bien indicada. El problema surge cuando se realiza de forma indiscriminada, siguiendo una moda o intentando copiar la estructura facial de otra persona.


5. Los “Cat Eyes” o miradas felinas permanentes

La mirada es una de las cosas más tuyas. Modificarla por una tendencia es jugar con la identidad.

En los últimos años hemos visto una creciente popularidad de los llamados Cat Eyes o Foxy Eyes: procedimientos diseñados para elevar la cola de la ceja permanentemente y alargar visualmente la mirada para conseguir una apariencia más rasgada y felina.

Esta tendencia nació en redes sociales y rápidamente se convirtió en una de las solicitudes más frecuentes en algunos consultorios. Si me preguntaran qué procedimiento no me realizaría, este estaría en mi lista.

La razón principal es que la mirada es una de las características más importantes de nuestra identidad facial. A través de ella expresamos emociones, personalidad y parte de lo que nos hace únicas. Modificarla de forma permanente para seguir una tendencia temporal puede generar resultados que con el tiempo dejen de sentirse propios.

Además, muchas de las técnicas utilizadas para conseguir este efecto buscan una elevación exagerada que no siempre respeta la anatomía natural del paciente. En ocasiones el resultado puede verse artificial o generar una expresión permanente que no corresponde con la personalidad de quien la porta.

Uno de los principios más importantes de nuestra profesión es preservar la armonía facial. El objetivo no debería ser transformar un rostro para que se parezca al de una celebridad, un filtro o una tendencia viral, sino resaltar aquello que ya lo hace atractivo de forma natural.

 

Reflexión final

Como médica estética, mi responsabilidad no termina en ofrecer tratamientos. También consiste en informar. La verdadera ética profesional está en saber cuándo realizar un procedimiento — y también cuándo decir que no.

La medicina estética ha evolucionado enormemente. Hoy contamos con herramientas extraordinarias para prevenir, regenerar y mejorar la calidad de la piel. Pero ningún procedimiento debería realizarse sin análisis individual, indicación adecuada y expectativas realistas.

Las modas cambian. Lo que hoy es el estándar de belleza probablemente será otra cosa en una década. Las decisiones que tomamos sobre nuestro rostro, en cambio, pueden acompañarnos mucho más tiempo.

Por eso el mejor tratamiento estético no es el más nuevo ni el más viral. Es el que respeta la anatomía, preserva la salud y te permite seguir viéndote como tú — en tu mejor versión.

 

Sobre la autora

La Dra. Fátima Fernández es médica cirujana, especialista en medicina estética y directora médica de Tretze Beauty Sculpting, clínica de medicina estética en Colonia Roma, Ciudad de México. Conócela en @tretze.mx.


Tretze Beauty Sculpting · Colonia Roma, CDMX · Documento editorial · 2026

Comentarios


Logo EstadoMx.png

ACTUALIDAD 
LÍDERES MX
EN ASCENSO MX
OPINIÓN
DINERO & NEGOCIOS
WELLNESS
LIFESTYLE
POLÍTICA 

ANÚNCIATE CON NOSOTROS

bottom of page